Se supone que vivimos más y mejor pero el sistema nos descarta antes. Los datos clave del informe Tsunámico LATAM para entender por qué la barrera de los 40 años quedó completamente obsoleta.
Seguramente escuchaste más de una vez que "los 40 son los nuevos 30". Científicamente es real: la esperanza de vida aumentó de forma sostenida y la población adulta mayor llega a la madurez con una salud, una energía y una lucidez que las generaciones pasadas no tenían. Pero acá viene la paradoja que nos interesa analizar en esta web: mientras la medicina nos alarga la vida activa, el mercado laboral nos acorta la vida útil. Nos volvemos "viejos" para el sistema en la mitad de nuestra carrera profesional.
El informe Tsunámico LATAM sobre Longevidad le pone números a este fenómeno. En América Latina, la transición hacia una sociedad envejecida se está dando a una velocidad tres veces mayor que en Europa. Esto significa que las empresas y los gobiernos no están preparados para gestionar la convivencia de múltiples generaciones en el trabajo, y la respuesta más fácil del sistema viene siendo el descarte o la jubilación anticipada forzosa, y ni hablemos de valor de esa jubilación por lo menos en Argentina.
Los datos del informe demuestran que las personas de más de 40 o 50 años necesitan y desean seguir activas, no solo por una urgencia económica (bancar la olla y los aportes que exige ANSES), sino por la necesidad vital de autorrealización. El verdadero "tsunami" no es que la gente viva más, sino la falta de inclusión de las empresas para aprovechar ese capital humano. Sostener la barrera de exclusión etaria a los 40 años es un anacronismo violento que la realidad demográfica se va a llevar puesto tarde o temprano.

